Un grito cultural por Pablo Díaz Cobiella

Este texto no es una reivindicación, ni si quiera una protesta o un 'alter ego' producto de alguna sensación de inferioridad o frustración. Tampoco es una bandera a la que se tengan que acoger en algún momento como si fuéramos los únicos que expresamos nuestra contrariedad a la forma.

Estas palabras son más bien producto del hartazgo, agotamiento y pantomima que sufrimos cada día las personas que nos dedicamos a la cultura, sin entrar a definir lo que es producirla y/o generar espacios, lugares y emociones culturales. Queremos gritar lo que sentimos, sin precisar ninguna atención y mucho menos una respuesta; importa muy poco.

No pretendemos ni el dolor ni la víctima ni si quiera ser esos atormentados justicieros que al final buscan el aluvión y un baño de masas para satisfacer y aliviar lo personal.

Lo sentimos, no nos conformamos con lo que tenemos. Queremos más, queremos y exigimos que se apoye a la cultura desde la verdad, que sea y es más importante alguna vez que una maldita obra de ingeniería, que sea y es más importante alguna vez que una fotografía de pantomima e inauguraciones.

Lo sentimos, no hemos llegado hasta aquí para sufrir esta parálisis abrumadora, éste despropósito de apostar y abandonar a la deriva a las primeras de cambio. Y no es el dinero, ni un maldito presupuesto. Nosotros no tenemos esa preocupación, sabemos con seguridad donde hemos invertido cada céntimo de dinero público y nos damos cuenta de que seremos los únicos imbéciles que consiguen muchísimo con muy poco. La ecuación la pueden resolver fácilmente. Nos molesta la falta de ganas, la forma de utilizar cuando hay un interés de un voto y un miedo a la derrota, la ilusión tan escasa, la falta de ideas, de trabajo en equipo, de voluntad, arrigarse nada más que a la novedad y después a la basura. La falta de crear un tejido cultural, una red, la falta de calidad, de escuchar, de entender. Tantas y tantas faltas. 

Lo sentimos, no nos conformamos con lo que tenemos. Queremos más, queremos y exigimos que se apoye a la cultura desde la verdad, desde el concomiento y la empatía, desde el amor, desde la libertad. 

Nos falta el aire, nos falta un abrazo de verdad, un interés por ver lo que hacemos, lo que construimos y lo que fomentamos. Nos falta el tiempo de sentarnos en algún lugar, analizar, evaluar, valorar, actuar y continuar.

Lo decimos ahora que hemos llegado a una especie de cumbre, lo decimos ahora que tenemos trabajo, que nos dedicamos a lo que nos gusta, que estamos inmersos en una decena de proyectos al mismo tiempo. Ahora es ser valientes. 

Estas palabras están inspiradas en ustedes, lectores, en el pueblo, en la gente que pasea y se asoma y nos lanza un beso volado, o en los niños que aprenden cada día algo nuevo en Seroja o el disfrute de las familias al crear y fomentar la imaginación. Gracias de verdad.

Quizás hemos dicho mil veces lo que es Seroja, y probablemente ninguna de ellas coincidan. Seroja es la cultura de construir todas juntas. Sea lo que sea, construir. Pero Seroja también sabe volar e irse, no porque queramos sino porque nos obligan. 

Pablo Díaz Cobiella 

 

 


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